El Indio Solari en Tandil

Es difícil poner en palabras lo que pasó ayer en el hipódromo de Tandil. Ya muchas veces se ha tratado de explicar de mil maneras, algunas más acertadas que otras, de por que se produce el fenómeno de la peregrinación ricotera, pero cuando se lo vive a veces se entienden mejor las cosas. Ayer antes de empezar el show, El Indio se transformó para muchos en Carlos y confesó: “Se dice que tengo una enfermedad y es verdad. Mr. Parkinson está pisándome los talones. Pero acá estoy, así es la vida”. La tristeza de la gente por las palabras del Indio no tardó en convertiste en ovación y minutos más tarde de su confesión, Los Fundamentalistas del aire acondicionado aparecieron en escena. Tal vez esta enfermedad sea para muchos, lo poco que a Solari le queda de humano, allá, cerca de transformarse en un dios predicador.

Fue un show para el recuerdo, por la lista de temas, por la cantidad insuperable de gente que había en el hipódromo, por la mística que siempre despierta y seguirá despertando por siempre, El Indio y Los Rendonditos de Ricota.

Es increíble pensar como más de 150 mil almas, distribuidas por todo el país y los países vecinos, se fueron prendiendo como lucecitas en un mapa desde el jueves anterior al show, y poco a poco se fueron concentrando en la no tan pequeña, o aunque sea eso parecía, ciudad de Tandil, hasta convertirse en una gran antorcha que brilló por más de dos horas dentro del hipódromo, coronando lo que fue una nueva misa.
Es un sentimiento que seguramente se explique diferente en cada una de las bocas de las personas que estuvieron ahí ayer. Familias completas, grupos interminables de amigos llegando en caravana, parejas jóvenes y no tan jóvenes, chicos, grandes, una marea interminable de gente. Más allá del hecho de que reventó la capacidad hotelera de la ciudad, los campings improvisados y las bolsas de dormir en la terminal de micros eran una cosa obvia y hermosa de apreciar.

Seguramente haya todavía gente que no lo comprenda, pero para cada persona que esperó meses desde que anunciaron la fecha, para estar apretado en miles de almas y mirar al cielo agradeciendo, ver al Indio no tiene ningún tipo de precio ni fenómeno comparable. Es una religión, un credo, una forma de vida, una realidad que escapa a la realidad, que rompe sus propios récords show a show y que se vuelve cada vez más insuperable. Clara e indiscutidamente, cada vez que Solari pisa el escenario deja una marca en la historia de la música nacional.

Finalmente después de tanta espera, después de un día que acompaño de la mejor manera a toda la gente, sonaron los primeros y los últimos acordes de Ji Ji Ji. Con un guiño del Indio a Jagger, explicándole cual es verdaderamente el pogo más grande del mundo, se dio comienzo al final mas esperado. Una fiesta total. Finalmente se apagaron las luces del escenario y la banda se despidió con un show increíble de fuegos artificiales a los que de a poco la gente les dio la espalda para emprender el viaje de vuelta y siempre pensar en volver. Ojala haya Indio Solari por muchísimo tiempo más.

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